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Enestor Dos Santos, BBVA



Economías emergentes: el tortuoso camino de la recuperación

9/8/2021

El coronavirus ha embestido con fuerza tanto a los países desarrollados como a los emergentes, sin respetar las fronteras. Su impacto, sin embargo, ha sido geográficamente heterogéneo, reflejando las distintas realidades y las diferentes medidas sanitarias y económicas adoptadas por los países.

La capacidad de contrarrestar los efectos de la crisis epidemiológica ha sido menor, en general, en las economías emergentes, lo que explica que la recesión haya sido más pronunciada que en los países desarrollados. Hacia delante, las dificultades para acceder a las vacunas contra la covid-19 y el menor margen de maniobra para adoptar medidas de estímulo, harán que el proceso de recuperación económica sea, probablemente, más lento y volátil en los mercados emergentes.

Tras caer “solo” 3,5% en 2020, el PIB de Estados Unidos va camino de recuperar su nivel precrisis este año y de superar la tendencia anterior a la pandemia ya en el 2022, gracias a la vacunación relativamente rápida de parte importante de su población y a los estímulos monetarios y fiscales. De manera similar, el PIB de la eurozona posiblemente recuperará su nivel de 2019 el próximo año, para luego converger al nivel que presuntamente hubiera alcanzado si la pandemia no hubiera ocurrido.

En contraste, excluyendo algunos pocos países, como China y Turquía, se prevé que buena parte de los países emergentes tardarán más en volver a exhibir el nivel de PIB observado antes de la aparición del virus. Además, es previsible que no recuperen la tendencia anterior a la crisis a lo largo de los próximos años.

En América Latina, por ejemplo, aunque el PIB precrisis se recuperará en 2022, lo más probable es que en 2025, cinco años tras el inicio de la pandemia, el PIB regional será alrededor de cuatro puntos inferior al que se estima hubiera sido posible sin la crisis del coronavirus, sugiriendo una pérdida definitiva de PIB.

Las perspectivas de una recuperación lenta e incompleta en las geografías emergentes se explican en buena parte por su acceso más desfavorable a las escasas vacunas contra la covid-19 y los problemas para poner en marcha estímulos económicos tan significativos como los adoptados en las principales economías mundiales, incluyendo expectativas de inflación menos ancladas, mayor coste de financiación y menor credibilidad de la política económica.

Asimismo, incluso bajo un entorno global relativamente benigno en los próximos años, la eventual retirada de los estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos y la moderación del crecimiento en los países desarrollados y en China a partir de 2022 generarán, potencialmente, problemas adicionales para las economías emergentes. Esto es lo que sugieren los eventos anteriores de desaceleración global del crecimiento y de subidas de tipos de interés en Estados Unidos, inclusive los menos turbulentos.

En efecto, es algo que se ha observado en los últimos meses, aunque de manera incipiente: un cierto adelanto de las perspectivas de retirada de los estímulos monetarios en el país norteamericano ha provocado caídas en el precio de muchos activos emergentes y obligado a muchos bancos centrales a subir los tipos de interés de política monetaria o a sugerir que pronto lo harán.

Otro elemento del complejo entorno para las economías emergentes es que en muchos países la crisis ha aumentado la pobreza y la desigualdad, a pesar de que esta vez las políticas sociales hayan sido más activas que en el pasado. En este entorno, el riesgo de políticas populistas es elevado. Aunque frenar al populismo es un desafío también para los países desarrollados, en el ámbito emergente el problema es potencialmente mayor, dada la menor fortaleza institucional.

Las economías emergentes seguirán en la senda de la recuperación en los próximos años, al menos si el proceso de normalización económica mundial transcurre de manera ordenada y especialmente si se toman acciones para facilitar su acceso a las vacunas y el control de la pandemia.

En todo caso, el camino de la recuperación económica será tortuoso. Recorrerlo requerirá estabilidad institucional, medidas sociales de apoyo a los más desfavorecidos, políticas económicas predecibles y bien diseñadas, y reformas estructurales que logren aumentar la capacidad de crecimiento sostenible. No hay atajos.

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